La división entre novelistas que crean personajes capaces de comer y autores generadores de protagonistas anoréxicos se esta haciendo evidente. Gracias a esta clasificación podemos distinguir una literatura de los sabores. Dentro de los novelistas que dan ganas de comer, Balzac ocupa un lugar destacado, tanto por los platos que comen sus héroes como por las circunstancias en que lo hacen. El banquete brutal que se describe en “La Rabouilleuse” es, al margen de un recordatorio de los platos de una época, un duelo con un punto de western entre depredadores y victimas.
Otra versión literario gastronomica la ha dado Manuel Vázquez Montalbán, más pendiente de la ideología de la comida descrita que de hacernos la boca agua con el recuerdo de lo comido. A Montalbán la crítica social le sirve de pimienta “La mayor contribución del franquismo al gusto positivo fue la... [ sigue ]
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