Regreso de un viaje por el Bassin d’Arcachon, un paraíso de la ostricultura y lo hago con mi espíritu de devorador de ostras en vías de depresión: las ostras se mueren irremediablemente, no solo en esta zona del Atlántico si no más alla, hasta La Rochelle y la Bretaña. De las 100 000 ha de bancos de arena y de parques en los que trabajaban diez mil ostricultores franceses va a quedar poco, porque las ostras bebés no alcanzan el cuarto año de vida. Aunque hace 40 años también se produjo una perdida en la vitalidad de la ostra, que llevó a la operación Résur, consistente en la importación masiva de ostras desde la Columbia Británica y Japón para sustituir la diezmada ostra portuguesa, hoy por hoy no existe una estrategia para llenar tanta superficie de agua marina con ostras inmortales.
Las causas de este desas... [ sigue ]
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