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Miquel Aldana su receta y el vino Aires de Garbet 2014 de Perelada

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Bar Ri: y siguen creciendo

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En menos de un año, la familia Barri ha abierto dos bares  (no gastrobares, sólo bares). La primera pica la puso en Sarrià  y,  como vio que la gente entraba y llenaba la sala, se decidió por la Diagonal. Extraño lugar para un  bar que quiere ser de barrio y no tiene tragaperras. Quizás la parroquia empieza a estar muy harta de tanto tataki y de tanta caricatura de  cebiche. Los ricos también comen bravas. Y esto no es el título de una serie.

 


Entramos al mediodía y nos dejamos proponer en este bar muy luminoso, de blancos y azules, madera, espacios distintos, rincones con sofás, una pequeña terraza interior para el cafetito y un Rolls-Royce mal aparcado. Nos recibe el chef, Alejandro Loaiza, un gaditano con ojos azules y  apellido vasco – la gente de la Bahía está acostumbrada a los conquistadores y a los ladrones de  Sherry -  que ya ha pasado por Alkimia, el Celler de Can Roca y Spoonik.  En la “city”, que es como Alejandro llama a Barcelona, ha encontrado su lugar bajo el sol y ha optado por fundir, que no confundir, las dos gastronomías que él conoce bien. A partir de ahí, en este bar se puede comer desde unas habas con butifarra negra y bacalao, una sepia con patatas ( ¿choco con papas?), un canelón de pollo de pagès, unos huevos fritos con gírgolas, unas bravas, una ensaladilla con regañá o un bocadillo de secreto ibérico con mojo picón, versión del serranito clásico, pero sin el pimiento frito.


La cocina a la vista no para desde la mañana a la noche, incluido el domingo, día del brunch, periódico, huevos, tostadita y zumo. Entre semana, la formule, que dirían los franceses. Por 14’90,  dos platos y dos postres a elegir. Si se prefiere la carta, mejor preguntar qué es lo que hay de nuevo, de temporada y de  mercado, porque lo mismo se encuentra con unas tortillitas de camarones que han llegado desde Huelva, un cazón en adobo (con orégano en abundancia, pimentón y vinagre de Jerez, que es lo suyo) o un pescado a la roteña, urta o lo que se tercie. Si prefiere lo clásico porque la cocina gaditana le parece muy étnica para sus gustos, siempre habrá unas bravas esperándole, un rabo de vaca con rosssinyols, una ensaladita de burrata con unas miniperas y vinagreta de miel, unas buenas croquetas o un pulpo a la brasa.  Personalmente, es lo único  que yo no elegiría si queremos salvar la especie. Hay tanto pulpo en los bares de Barcelona que las pulpeiras de Lugo se están quedando en el paro por falta de materia prima. 

 
Por lo demás, la comida “para compartir” le puede salir por unos 25 euros,  dependiendo de las bebidas y los postres.  Si lo que quiere es una botella Magnum, pues picará un poco más, si se decanta por el agua con marca propia, la cuenta le saldrá algo más arregladita. Por cierto, los postres están bastante logrados para ser un “bar de barrio”: la mesa se deshizo en elogios con la  torrija de brioche  y la tatín apareció deconstruída!

 

Por Inés Butrón Licenciada en filología hispánica por la UB, periodista, escritora y autora de varios libros sobre temas gastronómicos: Ruta gastronómica por Cantabria,  Ruta Gastronómica por Andalucía y  Ruta Gastronómica por Galicia, Salsa Books, Barcelona 2009. Comer en España, de la subsistencia  a la vanguardia. Ed. Península. Madrid 2011"

 

Bar Ri
C/ Casanova 211
Barcelona, o8021
Telf.: 93 2696456
Horario: de lunes a miércoles, de 8’00 a 24 h, jueves y viernes, de 8 a 03h, sábado de 10’00 a 03’00 h. Domingo de 10 a 24 h.