
Coruñés rapidísimo como copiloto de Carlos Sainz, Luis Moya no ha olvidado su pasión por el deporte. Da cursos de conducción especializada en Lugo, se ha lanzado a la natación de larga distancia, ha cruzado a nado el estrecho de Gibraltar y acaricia la idea de volver a los rallys de automovilismo, en versión clásicos, como compañero de su amigo Carlos Sainz. Gran viajero y buen gourmet nos confiesa su afición por los restaurantes.
MS: ¿Cómo se llega a ser copiloto y campeón?
LM: Te han de gustar los coches. Comencé como espectador del rally de Portugal. Más tarde, por pura suerte, me ofrecieron la posibilidad de ser copiloto. Luego conocí a Carlos Sainz y el resto ya se sabe.
MS: Has recorrido todo el mundo. ¿Con que te quedas?
LM: Las puestas de sol de Kenia, mi ciudad A Coruña, que es magnifica, y Nueva Zelanda que esta lejísimos, pero que tiene unas vacas estupendas. Muchas veces le decía a Carlos que era capaz de casarme con una vaca tan guapa como las de Nueva Zelanda. Pero luego resulta que la carne no acaba de ser lo que esperas, esta muy veteada, marfilada. En Argentina me pasa lo mismo. La carne es muy buena, pero los cortes no son los europeos, y el punto de cocción es muy pasado para mi gusto. En los 8 años que estuve en el equipo Subaru visité muchísimas veces Japón. Creo que más de 14. Con los directivos de la marca probé lo mejor de lo mejor de Japón. De ahí me viene mi afición por su dietética cocina. Probé la carne de Kobe que se corta sin necesidad de cuchillo. Pero es carísima, y a mi me gustan las cosas sencillas. Por ejemplo, en Italia disfruto mucho más con una cocina perdida en un pueblo que en un gran restaurante. Los platos muy grandes que están casi todos en blanco, con cuatro cositas de comer como una decoración no me interesan mucho.
MS: En resumen, eres carnívoro y te gusta la carne gallega de Moaña.
LM: Pues si, soy carnívoro. Muchas veces me dicen, como eres coruñés debe estar todo el día comiendo marisco….Pues no me gusta, la gente no sabe que el marisco es caro, incluso en Galicia y que hay gallegos que no se vuelven locos por las centollas. A mi dame carne. A los deportistas nos dicen los dietistas que hay que comerla por la noche. Pues yo lo hago al revés. Mi dieta de nadador de largas distancias comienza con cinco cereales por la mañana. Cereales con miel, como comían mis hijos de pequeños, luego a media mañana una fruta, seguidamente la carne, a media tarde, después de la siesta, que la siesta también alimenta, otra pieza de fruta o un yogurt y por la noche la pasta que yo mismo me cocino.
MS: Has dejado en el aire el punto que le das a la carne.
LM: Casi cruda. Digo como un fisioterapeuta ingles: “Límpiele el culo a la vaca y sírvamela”
MS: Me dejas de piedra, como cuando te escuchaba que decías en los rallys la palabra “a ras”
LM: Cada copiloto de rallys tiene su lenguaje, sus signos. Todo comienza cuando recorres el circuito. Tienes dos ocasiones. Carlos cantaba el trazado y yo apuntaba sus indicaciones. El día de la carrera vas mencionando todas las notas de una manera que son muy asequibles al conductor. Luego guardas las libretas como oro en paño. Ahora Carlos quiere que volvamos a hacer algún rally juntos, me propuso el Paris Dakar explicándome que hay un compañerismo tremendo. Pero para preparar un rally como este has de correr previamente por lo menos dos o tres más, como el de los Faraones y eso significa vivir medio año fuera de casa, lo que no me apetece.
MS: Al margen de la carne, ¿que otro plato te hace ciudadano coruñés?
LM: Loa callos, pero en mi versión personal. Son los callos a la gallega de toda la vida, pero con patatas fritas que incorporo a la salsa, las mojo y me las como. Fíjate si es bueno el invento que en Coruña ya hay distintos bares y restaurantes que sirven los callos a la manera de Luis Moya.
MS: ¿Qué bebes, vino o cerveza?
LM: Siempre vino tinto. No me gusta el vino blanco, lo que es difícil de decir para un gallego. Ahora en mi tierra están haciendo buenos tintos en la Ribeira Sacra, aunque yo soy de riojas y riberas de Duero. El nivel es muy bueno, sobre todo en los precios económicos, que son los tintos que me interesan, porque faltaría más que los caros fueran malos. Lo que si me despista es que en las cartas de los restaurantes cada vez hay mas referencias de estas dos denominaciones, y si no eres un experto te puedes confundir olvidando el que te salio muy bien la ultima vez. Como te digo no puedo con el cava ni con el champagne. Yo creo que el único champagne que he probado han sido las salpicaduras de las celebraciones en los podiums. En fin de año me pasa igual.
MS: ¿Te has comprado algunas viñas?
LM: No, hace falta saber y tener mucha paciencia. Carlos tiene viñas en Madrid, junto al pantano. El otro día abrimos un mágnum de su vino en Zalacain, y estaba muy bueno. Si te lo tuviera que definir muy por encima te diría que apunta a un Ribera.
MS: Sabiendo que eres de restaurantes lejanos al lujo, dame tus direcciones.
LM: La versión japonesa que más me gusta es la de Yashima, el restaurante de mi amigo Yoshizumi Yamashita. En Barcelona tengo muy cerca de mi casa El Cuévano, dónde como unos bikinis con aceite de trufa que me devuelven a la vida, al mediodía, después de dos horas de bicicleta. Cerca de Coruña, en Oleiros hay una maravilla que se llama Comei e Bebei. Tienen una carne roja estupenda, callos, las cosas mas buenas. Pero no se lo digas a nadie.
MS: Claro que no, porque acabarán copiándolos y se olvidarán de que las patatas se fríen en una sartén. Y por cierto, no me queda otro remedio que preguntarte por aquel ¡Por Dios trata de arrancarlo Carlos, trata de arrancarlo
LM: Nos costó el Rally de Inglaterra. Cada semana un mínimo de dos personas me lo recuerdan. No me importa, yo creo que como tengo una voz inconfundible, hace que se recuerde más fácilmente. Lo que si que te puedo decir es que la noche aquella no pude cenar.
MS: debió ser porque no había callos con patatas.
LM: Aunque cueste trabajo creerlo la victoria y la derrota son la misma cosa. Están separadas por un hilo. Lo importante es haber dado lo mejor de ti mismo y al máximo.
MS. Gracias Luis. Esta frase se merece una copa. De tinto, por supuesto.
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