
La normosis es un concepto que tiene aplicación en la cocina. Para comprender su funcionamiento basta recordar aquellos años, aun próximos, en los que el éxito, la seducción, la virilidad, estaba ligados a fumar un cigarrillo. John Weyne encendía un Malboro y no había indio que se resistiera. De aquella normosis hemos pasado a la contraria. La salud es el bien supremo y aquel que quiere alterarla, un mal bicho que, encima, cuesta dinero a la gente normal.
De una manera sibilina se ha extendido la normosis de que hay que ser esbelto. Por internet, via google, dice el muy serio periódico Le Monde, corren más de 2 millones de web en las que podemos encontrar la formula mágica que nos proporcione las medidas estándar. Recordemos algunas que seguro los suenan: Adelgazar comiendo, Perder cuatro cm en una hora, Proxavit, del laboratorio Bara, la formula con agentes naturales destructores de la grasa con efecto de largo espectro. Atraen la grasa como un imán. Se fijan a ella y no le dejan ninguna posibilidad que nos lleve a engordar. La palabrería curativa llega a la propuesta de sandalias adelgazante y tangas tonificantes.
Evidentemente en esta normosis compulsiva no aparece ni la palabra cocina ni mucho menos el vocablo placer. Ambos forman parte de una cultura perversa que debe desaparecer, porque las gentes a las que les gusta comer y pasárselo bomba son peligrosos individuos, capaces de reaccionar ante la memez establecida. Por esta razón los lectores de esta revista, que supongo epicúreos, han de tomarse con calma la aparición del nuevo tomate torino, un tomate anti-edad que ha conseguido la sociedad francesa Savéol, líder del sector. Esta maravilla, rica en licopeno, nos asegura la salud, es decir delgadez, energía y bienestar. Además está indicado contra el cáncer de próstata y la hipertensión, al margen de ser fundamental para la hidratación de la piel.
Sabiendo que el tomate, de siempre, ha contenido los principios biológicos necesarios para prevenir, dentro de lo que cabe, estos factores, pues ya sabemos que lo que manda de una manera inapelable es nuestra genética, me sorprende que en ningún caso se mencionen otras virtudes. Nada se dice del aroma magnifico de un tomate de verdad, recién arrancado de la planta, de la explosión de jugo que nos mancha los dedos cuando lo cortamos para la ensalada y el pan con tomate. Nada se nos cuenta de las generaciones de centenarios que han llegado a esta edad en perfecto estado de salud bebiendo vino y sin conocer las virtudes del torino. Pero como todos sabemos que oponerse a la normosis es sinónimo de exclusión social (digan en voz alta que están en contra del líder del sector en que trabajan, ya verán cuanto torino tienen que tragar), es indispensable que aceptemos estos mensajes como inevitable. Por tanto, este verano, mientras esperamos que llueva café en el campo, debemos empuñar el cuchillo del chef que mande la prensa, cortar la verdura anti-edad y hacerlo desnudos, para que se aprecie la esbeltez conseguida con una pomada vegetal que se ve en la tele. Eso si, para evitar la desnudez total podemos utilizar el tanga tonificante y las sandalias adelgazantes.
Miquel Sen
17de abril 2010
|