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Wok & Bol Restaurante Barcelona





Casa Darío Restaurante marisquería Barcelona [ Ir a RESTAURANTES ] [ Volver ]
 

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Consell de Cent 256 · Barcelona · Telf. 93 453 31 35- 93 454 76 99 · Cocina gallega marisquería

 

Desde el año 1968 este restaurante es una de las ofertas sólidas de cocina gallega en Barcelona. Situado en pleno centro del Ensanche, Casa Darío nos plantea un local a dos niveles más una barra amplia, dentro de un estilo absolutamente clásico. Maderas oscuras, cuadros figurativos, entre ellos unos potentes Serrasanta y Coustelo,  sin la más mínima referencia al diseño de la ciudad del diseño,  lo entroncan con las grandes marisquerías con sede en Coruña o Madrid, esta última una ciudad con un publico que no duda en invertir en ostras y percebes. Sobre las ostras han escrito mucho y muy bien los grandes periodistas de la gastronomía, Julio Camba ironizó que era la perla de los mariscos según unos y el marisco de las perlas según otros. Victor de la Serna clasificó las ostras gallegas de Arcade como las segundas del mundo, después de las de Belon. Personalmente prefiero las de Arcade, cosa que me lleva a pequeños conflictos con mi familia de Arcachon. Puestos a señalar preferencias, me quedo con loa almejas de Boiro, que sitúo ligeramente por encima que las tan famosas de Carril. Estos dos mariscos con pedigrí forman parte de la oferta de Casa Darío.

La cocina de este establecimiento esta fundamentada en el producto de calidad con un origen clarísimamente gallego. Los propietarios de Casa Darío, Leopoldo Clavería y Abelardo Riazor, siguen fielmente las normas del fundador, el mítico señor Darío, que fue en su juventud maître en el Dolder, de Zurich y somelier en el hotel Brigthon,  por lo que compran lo mejor de las subastas de los puertos gallegos, al tiempo que se abastecen con productos de la huerta y del corral de la Galicia interior. Es la mejor garantía para poder disfrutar de una mariscada importante o de un pote gallego en sus distintas versiones, incluida la de Lalín. Paralelamente a este planteamiento, la carta ofrece pescados salseados al albariño o a la sidra y guisos de cordero sabrosos, pero no estrictamente de la tierra, como el ternasco, contrapunto de chuletones con el pedigrí de las vacas rubias gallegas.

En mi última visita a Darío he optado por un menú ecléctico, resumen del mar y de los prados. Interesante la primera tapa que me han servido, una mini empanada gallega, más un trocito de tortilla de patata. Me gusto más la tapa que me habían servido en mi visita anterior unas huevas de lubina con vinagreta de verduras que de  tan clásica y poco frecuente tenía una pincelada de novedad. Han seguido los camarones, en su punto justo de cocción y unas ostras de Arcade de gran tamaño y frescura irreprochable. Como vino blanco he pedido un albariño de Cambados, el Monte Sacro.

Había percebes del atlántico, de Corme y Cedeira, gordos y de tamaño medio, que es el mejor y que sirven tibios, recién hechos, según lo más estrictos criterios. Eran realmente de gran finura gustativa. Las almejas crudas, de Boiro, muy frescas, importantes, han sido un contrapunto a tantos primeros, al que han seguido unas zamburiñas deliciosas, por su punto de cocción respetuoso con su textura y por el aporte del aliño de ajo y perejil, que daba un punto mesurado de cocina popular.

Tras esta aproximación al mar, he buscado el sabor de la Galicia profunda a partir de un cocido gallego con su lacón, chorizo, oreja, garbanzos, grelos y patatas, aliñado con el indispensable pimentón y buen aceite de oliva. Estupendo lacón, al punto preciso de sal,   un sobresaliente en una asignatura en la que suspenden otros cocineros que lo dejan, o excesivamente salado o arrasado, sin el más mínimo gusto,  debido a un remojo incontrolado. Es algo semejante a la destrucción sistemática del punto de sal del bacalao. Los grelos, ya en temporada, tenían el toque justo de amargo. Es una inmersión en la cocina más autentica y tradicional, lejana a la invención gratuita, a la traición del sabor alegando una falsa modernidad. De hecho me molesta tanto la invocación de la cocina tradicional para justificar un guiso mal logrado, con una pirueta culinaria que de sustento intelectual a una aberración del gusto. Para modernizar la cocina en general, o la gallega en particular, hay que tener el talento de Beatriz Soutelo, no la indecencia gustativa de aquel que destroza un rodaballo, dándole la puntilla con una mermelada de tomate mal hecha, azucarada con infantil imprudencia.

 Para acompañar el cocido elegí un tinto de La Ribeira Sacra, una denominación que no deja de provocarme positivas sorpresas. Elaborado con la variedad mencía 100% y etiquetado Don Ramón, tiene un perfil aromático que cuadra perfectamente con el cocido.  A pesar de que la carta de postres nos tienta con cañas de Lugo, filloas rellenas, orejones y tartas, me decidí por un queso cremoso, suave, como corresponde a los quesos de la zona de Arzúa. Otro buen dialogo con el tinto de la Riberia Sacra, que sacralicé pidiendo un orujo a temperatura ambiente. Mencionando la palabra dialogo, hay que destacar el que puede plantearse con el servicio, discreto, sin la vocación de tener la última palabra, una de las lacras de algunos maître que se creen inspirados por los dioses.


Miquel Sen 6 de noviembre  2010

Fotos gastronomiaalternativa

Consell de Cent 256
Tel: 93 453 31 35- 93 454 76 99
Horario: de 13h a 16h   de 20h a 24h
Zona fumadores
Salones privados
Día de cierre: Domingo
Carta de platos anticrisis al menos de 20 euros
Menú XXIII Jornadas gallegas: (hasta el 20 de noviembre)
73 euros con vinos y chupitos
A la carta: según precio del marisco

http://www.casadario.com