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Un bocata puede ser una suma de sabores con calidad gastronomica, o una masa de serrín con algo a dentro. Fastvínic es pionero en recuperar el arte del bocata, colocándolo en parámetros gustativos del siglo XXI. Para conseguir esta imagen, el propietario de este espacio, el señor Sergi Ferrer Salat, ha encargado al diseñador del colindante Monvinic, Alfons Tost un proyecto en el que se recogen todos los valores ecológicos que Ferrer Salat quería imponer en esta novísima casa del bocata con pedigrí.
El resultado vale la pena, tanto por el diseño, potenciado por los taburetes ergonómicos, que son cosa de mister Willis, el marido de Stella MacCartney, o por una cocina a la vista, en la que se preparan una larga serie de bocadillos de pan de verdad, es decir de pan elaborado en los hornos de mayor prestigio de la ciudad de Barcelona, desde Baluard al Forn de la Trinitat. Sabiendo que dentro de este mensaje los celiacos van a encontrar, por fin, el bocata sin gluten, hay que prestar atención a las ofertas visuales en forma de una pizarra de propuestas en variación diaria, fundamentadas en ingredientes ecológicos, fruto de explotaciones agrícolas respetuosas con el medio, las mismas que proveen los fogones de Monvinic. El chef de este espacio, Sergi de Meià, es el supervisor de unos bocatas que elaboran Fernando Verdelago y Gerardo Amigo.
En mi visita a esta bocadilleria eco-sostenible tenia la información previa, gracias al chef y a César Cánovas, el somelier de Monvinic, de cuales eran los bocatas y los vinos indispensable. El de trucha con escarola e hinojo, el típicamente catalán de bull negro, el de cochinillo, que en mi caso fue de excelente porchetta o el suntuoso de perdiz a la vinagreta, son un grupo de propuestas novedosas que hay que combinar con otros mini bocadillos o sándwiches.
El listado es extenso, con incursiones bocadilleras en otras culturas, caso del de kebab de cordero, potenciado por tomate, lechuga, yogurt, menta y cebolla o estrictamente de creación catalana, del orden calçots, escarola y romesco. No faltan bikinis de rucula y pavo, ni buenos trozos de pan rellenos de los objetos de deseo que encontramos cuando comemos suculentos platos salseados. Un panecillo de pies de cerdo deshuesados, con espinacas, tomates y piñones o uno de pollo a la catalana, casi navideño por su salsa de ciruelas y piñones, dan carácter novedoso a una oferta que no es como las demás. Un gazpacho bien hecho, la ensalada César o un empedrado de bacalao son entradas compatibles con los panes propuestos.
Paralelamente, como Fastvínic funciona bajo criterios de auto servicio, se nos da una tarjeta electrónica, que una vez cargada con los euros oportunos, nos sirve para la elección del vino, dentro de una gama amplia guardada en expendedores de lucido diseño. El día de mi visita la oferta de vinos catalanes, es decir, de proximidad, planteaba un Priorato importante, el Trio Infernal, más un fino Empordà, el Espelt Sauló, este último a 1 euro la copa o el Alella Parvus, un vino firmado por el enólogo Josep Maria Pujol Busquets. Es cuestión de tomar el vaso de cristal y servirse. Si sobra dinero se conserva la tarjeta para otro día en que nos apetezca comer bocatas de nueva concepción. La casa guarda las tarjetas de los clientes, una comodidad de agradecer, como pueda serlo beber los vinos en unos vasos que recuerdan los famosos impitoyables, catavinos que ponen al desnudo los vinos que nos bebemos. En mi caso gasté el dinero de mi tarjeta en dos vinos blancos de aroma y cuerpo muy distintos, el Auzells y el Bàrbara Forés.
Los postres se eligen entre una oferta muy breve basada en el chocolate. Un detalle dulce dentro de una modernísima bocadilleria.
Miquel Sen
Julio 2010
Precio variable según los bocadillos
FASTVÍNIC
c/ Diputación nº 251
93 272 61 87
Horario
De lunes a sábado de 08.00 a 23.30 horas cocina ininterrumpida
http://www.fastvinic.com/
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