Paseo Juan de Borbón 65 · Barcelona ( barceloneta) · Telf. 93 221 62 33 · cocina marinera cerrado domingo noche precio aprox: 21-35
La ahora tan cotizada península de la Barceloneta tiene una gastronomía propia, basada en los ranchos, fritadas y arroces que los pescadores del Moll del Rellotge han elaborado durante años. Como el resto de barceloneses se acercaban al agua a partir de las estrechas calles del barrio, pronto se generó la dimensión comensal-casa de comidas que dio fama a la marinería, tanto a partir de las pudas, donde se daban almuerzos y se freían calamares, como, más adelante, gracias a sus restaurantes.
El Suquet de l'Almirall cambió de localización, hace unos años, situándose en el Paseo Joan de Borbó, cara al mar. El local era una tienda de reparación de motores marinos, de la que se ha conservado un sótano, de gruesos muros, transformado en comedor privado. En el piso superior, es decir, a nivel de la calle y la terraza, se encuentran las mesas, próximas a una decoración plural, con firmas de numerosos artistas y personajes famosos, pues el Suquet está integrado en la ruta secreta de los "conocedores".
Gran parte de su éxito (al margen de los muchos y buenos años de cocina del chef Marqués) se debe a su hijo Quim, un cocinero ilustrado, con tertulia en un programa de radio. Quim Marqués elabora una carta en la que el recetario de los pescadores se ha visto liberado de aquellos sofritos llenos de tomate que irritaban a Josep Pla, para ganar en sabor y consistencia. Ligero y bien contrastado el suquet, sabrosos el rodaballo a la plancha con verduras, bien ideadas las croquetas con ceps y gambas, complemento de los arroces con sepia, del señorito o caldoso con bogavante, la oferta marinera de este Suquet se complica con un pica-pica del mismo nombre, en el que hay calamarcitos encebollados y fideos pelats. Fruto de diversas influencias, el bacalao con tombet y romesco, suma gustativa de Tarragona más las islas, y una merluza, con salsa vizcaína y una escafaina, muy del Quim, es decir una samfaina de verduras escalivadas, con un punto de picante que le da, exactamente, alegría. El conjunto forma parte de este universo culinario que hace de la Barceloneta la puerta del mar que tenemos los que no estamos de vacaciones, pero que sí podemos disfrutar de la vista de los yates y de una carta de vinos refrescante.