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Las enfermedades del espíritu no conocen vacuna. Primeramente fue la televisión la encargada de hacer de la basura una cena. Se suprimieron los espacios con un mínimo contenido, lo que llevo a la desaparición, para nuestra desgracia, de todas aquellas figuras que tenían algo que decir. Suplantadas por Don Nadies, víboras que en lugar de veneno tienen vinagre, han hecho de la difamación a medias, de la calumnia pegajosa y de la reverencia al pequeño delincuente con mando en el cotarro, un discurso que, por desgracia, tiene audiencia.
La prensa gastronomica impresa es seria. Puede dar opiniones que sean o no de nuestro gusto, o valoraciones que nos parezcan sesgadas. Pero siempre hay alguien detrás, con criterio y conocimiento de causa. Cansados de este rigor, un grupo de periodistas, sus amigos y ellos mismos con motes pintorescos, han hecho de Internet y los blogs el arma ideal para llevar la prensa que ha dejado de ser rosa, para ser amarilla, hasta el interior de las cocinas. Todo vale. Como hay que defender un clan con pasión de converso, aplicar las técnicas de Stalin, o de Hitler y asesinar aquel que discrepa, es la nueva tarea de aquellos capaces de comer un bocadillo de serrín y decir que es exquisito, siempre que lo haya preparado el jefe de filas. Para muchos, discrepar, matizar, no tiene sentido. Cuando la incultura y la mala fe invade el dominio cibernético solo queda el sorprendente y poco evangélico "el que no esta conmigo, esta contra mi".
He leído en blogs difamaciones que atentan contra principios reflejados en nuestra constitución, entre ellos, la libertad de opción sexual. He observado gritos de muerte que recuerdan los del siniestro fundador de la legión Millán Astray , del que Miguel de Unamuno dijo, valorando su imbecilidad, que jamás había escuchado una paradoja más descabezada. He visto en la pantalla del ordenador críticas a jóvenes cocineros de notable técnica y paladar exquisito a cargo de personas ancladas en un concepto de cocina que ya no es de este siglo. Como es lógico- yo no estoy ni con unos ni con otros, si no con los muchos que se esfuerzan en cocinar lo mejor posible-, también he sido afectado . Como la difamación es tan fácil, los delatores repetirán la actitud de la GESTAPO. Todo sea por la causa de la que, evidentemente, no son arte, si no parte.


Miguel Sen 4/ 7/2007

Foto: Miguel Sen y Romain Fornell en la cocina del restaurante Caelis