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EL TEMAJoan Martínez, de Lolita Tapería y su receta maridada con el cava Privat Chardonnay

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Oh! Bo! Declaración de intenciones

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Por Inés Butrón

Hace ya cinco años que abrieron y siguen ahí, al pie del cañón, con los retoques justos en el  interiorismo y la cocina, pero con la intención de que el cliente que por allí recala, mayoritariamente barceloneses del barrio y amigos de otros lares, se sigan sintiendo reconfortados por una carta sin pretensiones, pero sabrosa, fresca y ecléctica, con lo más apetecible de aquí y de allá, con los platillos que uno comparte en una cena informal de una noche cualquiera o con un pescado fresco del día para hacer más llevaderas las comidas del que debe seguir su rutina de trabajo.  Las máximas de frescura y proximidad sobrevuelan el restaurante, aunque el corsé del adjetivo “orgánico” se había vuelto opresor y despistaba a la clientela que empezaba a asociar el vocablo con una oferta principalmente vegetal. El marketing gastronómico también tiene sus peligros, además de sus costos, de manera que los propietarios del local decidieron buscar un nombre mucho más genérico y optaron por un par de exclamaciones que eran toda una declaración de intenciones: Oh! Bo! Sí, simplemente, está bueno, muy bueno. 




Lo primero que uno percibe es que la sobria madera, las telas en las paredes y las plantas tras las cristaleras ayudan a relajar el ambiente. Una gran mesa central lo preside todo. Espectacular toque  de solidez y confort, una mesa compartida con otros  individuos hambrientos donde uno puede comer  en menos tiempo el plato que más le apetezca- un huevo poché al vino tinto con parmentier trufada, un calabacín relleno de verduras, unos fetuccinni a la vongole- mientras ojea revistas, libros, diarios o su pantalla de bolsillo, y varias mesas a su alrededor donde aquellos que disponen de  más horas para comida y sobremesa se recrean en esa mediterránea forma de entender la comida y la vida. 



La luz entra a raudales, el ruido queda amortiguado, aunque la bulliciosa terraza esté a dos pasos de nuestra coqueta “mesa para dos” y, mientras ojeamos la carta, pensamos si no sería un buen lugar donde pasar la noche, compartir vino y música, o lo que se tercie... De hecho, esta es otra de las intenciones de sus dueños, disponer de una oferta nocturna que incluya buena comida, una coctelería a la altura de los tiempos y una banda que amenice sin molestar. No nos parece mal plan.



Tras un par de minutos de decisión, nos toman nota de aquello que hemos seleccionado en este mediodía estival, algo caluroso, propicio a los platos refrescantes y ligeros, No nos cabe duda de que las bravas  o los nachos con guacamole que nos recomiendan para empezar estén deliciosos, pero queremos comer de un modo frugal, por lo que de primero elegimos unas almejas salteadas que nos aseguran que es el marisco del día y un ceviche que, aunque para mi resulta ya un poco cansino tras haber probado un centenar de ellos, sigue siendo una delicia para mi acompañante. Como era de esperar, cada cocinero, o maestrillo con librillo, interpreta esta forma de comer el pescado marinado a su manera, por lo que en este caso viene acompañado de unos gajos de pomelo y naranja y unos chips de yuca como contrapunto crujiente sustituyendo al choclo clásico. Para mi gusto, un punto más de chile y lima no le hubieran ido mal. Yo degusto las almejas a las que no tengo nada que objetar.



El segundo plato sigue en la línea de comer para no perder la línea, de forma que una servidora elige un roastbeef con el sello de Cal Tomàs que llega también acompañado de más chips de yuca y salsa tártara. Para mi acompañante un pez limón- un pescado azul poco habitual, pero de temporada- al horno con un buen surtido de verduritas salteadas. Aunque cada uno es muy libre de decidir su punto de cocción favorito, para nuestro gusto, un poco menos de tiempo en el horno lo hubiera dejado más jugoso. Con todo, agradecemos salir de esa rutina de lubinas y doradas a porrillo, atunes de rojizos sospechosos o cefalópodos en extinción.



De postre, nada mejor que las mousses, los helados de frutas exóticas, algo cítricas, un toquecito crumble en el fondo de la copa y, listo!  Las tartas son para el invierno y un sol de justicia pide frescor en la boca y blancos de Alella para rematar la comida.


Oh! Bo!

Doctor Fléming 15

Barcelona

Precio medio por persona a la carta: 30 euros.

Consultar menú del día.